miércoles, 29 de diciembre de 2010

Me toca hacer balance...

2010 ha sido un año muy extraño. Qué te voy a decir: empezó en ese pequeño pueblecito, Langlade, con la familia y esas cosas dulces que nos encantan tanto (y no son Ferrero Rocher... o sí?).

Siguió en la universidad, con los primeros exámenes, que fueron un fracaso absoluto. Y los segundos también...

Decidí que lo que guiara mis pasos no fuera una melodía, sino un taco de apuntes. Y todavía no sé si hice bien o mal, supongo que "el tiempo lo dijo". El caso es que de repente los terceros exámenes (véase Septiembre) fueron "el milagro Ruthiniano". Teniendo en cuenta esto tengo que decir que, aunque vivir sin música sea duro, más duro sería haber tenido que repetir primero de carrera.
Lo que vino ese verano no fue descanso ni mucho menos: todas las mañanas durante esos dos meses, religiosamente, a estudiar en la terraza; y me dio más resultado que cuatro meses en la biblioteca de la facultad. Creo que voy a patentarlo.

Estoy siendo muy egoísta, y tal vez debería hablar de las muertes de escritores importantes que han ocurrido este año, o de la ley Sinde, o de la SGAE, pero si digo la verdad, leía las noticias y me sonaban a cosas que pasaban lejos, muy lejos. Yo vivía en el mundo de los apuntes infinitos (sigo allí afincada hasta dentro de 42926 años por lo menos) y lo que pasaba/pase/pasará en el mundo no es ni la mitad de importante que el potencial de acción o los mecanismos de mantenimiento de la glucemia.

Me matriculé en mi grupo de 2º curso por los pelos, y ya dentro, me replanteé mi forma de organizarme las cosas, ya que visto quedaba que los meses anteriores no habían sido la mejor forma de hacerlo. Aun así, estamos a 29 de diciembre y tengo un fajo enorme de apuntes sobre los que posar mis jóvenes aunque cansados globos oculares. Y te juro que lo he intentado... pero todavía no entiendo cómo se pueden llevar tropecientos mil temas al día. Y así vamos.

Menudas navidades. Fuimos a los pirineos para un día, pero valió la pena: la ida escuchando radios propias de cada lugar donde pasábamos, el intento de esquiar (las primeras dos horas de mi vida, los primeros diez mil batacazos), la vuelta pasando por Andorra la Vella, con náuseas y esas cosas típicas de los viajes de 8 horas en coche... aunque parece que todo vuelve a la normalidad. Vertiginosamente.

Sólo me queda el ratito de reflexión filosófica-pesada: Ha sido un año desastroso, pero ha tenido cosas buenas. Y acabaré acordándome de ellas mucho más que de las malas. Así que me veo contenta con cómo termina: casi como cuando empezó, con montones y montones de cosas que hacer, lloros, quejidos, noches sin dormir y esas cosas que tanto nos gustan a los estudiantes.

Si en el 2011 hay menos miseria/crisis/grandes empresas que te chupan la vida y más fiesta/aprobados/viajes yo me doy por satisfecha. Tampoco pido tanto...

"Feliz" año :)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Salada navidad

Finalmente me cagué en los pantalones y no fui a donar médula. Mis amigas sí que fueron, pero yo no me sentía del todo dispuesta... Bueno, al menos dono sangre. Podría ser peor.

Esta semana es la última antes de meterme en lo que viene siendo "el fragor de la batalla", y tengo que decir que estoy (cómo sería el femenino de "acojonada"? "aovariada"?????????) un poco asustada porque me lo veo venir. Para estudiarme tres temas esta tarde he tardado... bueno, con que diga que todavía me queda uno, y mira la hora que es... y siempre que me veo así, agobiada pero sin ganas de hacer nada, me pongo a hacer otras cosas, como por ejemplo buscar en Google: "optimizar las horas de estudio", "Julian Assange", "la Pasionaria".
Sí, yo a mí misma también me suelto un sonoro What The Fuck, pero oye, esque es entretenido. Más entretenido que estudiarte si los nucleolos tienen forma de rueda de carro o si hay conos yuxtanucleares en los cardiomiocitos. Y he redescubierto twitter, por si acaso la distracción era poca.

He contado los días medianamente aprovechables que me quedan hasta el primero de los juicios finales y son 17. Me he aovariado sobresaltado más aún. Cómo voy a meterme 60 + 30 + 55 + 32 = 177 temas de pura teoría en la cabeza en 17 días? Me sale a más de 10 temas por día. Voy a morir.

Desde el fondo de mi único órgano sin deuda de oxígeno corazón os deseo unas saladas navidades, que sé que tanto dulce acaba dando agonía, y porque unas papas siempre apetecen más que un polvorón. SIEMPRE.
Otra cosa asquerosa diferente de este año es que no me voy una semana a ver a la family gala, sino un fin de semana (fum, fum, fum), pero ese pequeño cambio me da unos diítas más para poderme preparar, así que no es tan malo. Os deseo a todos y a todas muchísima suerte para los exámenes. Y sobretodo, mucho ánimo para estudiar, que es lo que peor llevamos todos (eso lo digo para consolarme, sé que en realidad soy la única que pierde el tiempo de este modo).

Joyeux Noël!

No os hagáis ilusiones porque haya escrito esta entrada tan pronto. No voy a morir antes de navidad, que mi hermano tiene una Power Balance que yo me cuido mucho ;) ya os mandaré recuerdos desde donde esté o, si no hay internet, pues cuando vuelva. Me despido en portugués, que me hace mucha gracia:
Até logo!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Creo que ya había hablado de esto antes...

http://thenameless.blogspot.com/2010/06/no-se-que-titulo-poner.html
http://thenameless.blogspot.com/2009/12/por-que.html
http://thenameless.blogspot.com/2009/09/no-entiendo.html

Y tengo que decir que lo conozco demasiado bien. Por desgracia.

Ver a una madre desmoronarse porque siente que está perdiendo a su hijo, o que no descubren lo que le ocurre, o simplemente por verlo triste y apagado, durmiendo entre sábanas blancas y aparatos que hacen lucecitas, no es algo agradable. Y menos cuando esa madre es la tuya.

Y juré y prejuré que, si conseguía entrar en medicina, estudiaría la especialidad de digestivo por él. Fue una promesa que hice a cambio de que se curara. La Enfermedad de Crohn no tiene cura, pero él ahora está estable y eso me vale. Yo también me he conformado, simplemente, con llegar a ser médico. La especialidad es importante, pero si puedes ayudar a la gente en realidad da igual cómo lo hagas.

Y ayer vino un chico a clase que estudia 4º de medicina y que sufrió Aplasia medular hace unos 5 años. De hecho ha sido trasplantado de médula. Es el mejor seminario que he tenido en mi vida.
Ha sido tan bueno que he prometido (prometo muchas cosas, y la mayoría las cumplo) ir la semana que viene a hacerme donante de médula ósea... para poner mi granito de arena.
Él también hizo una promesa. Creo que no hace falta que diga cuál.

martes, 16 de noviembre de 2010

La hora de perder

Tengo que decir que, aunque nos creamos que lo hemos visto todo, hay cosas que siempre nos sorprenderán. Aunque las veamos una y otra vez. Una persona en silla de ruedas, o sin brazos, o ciega, o muda. Siempre llaman la atención aunque queramos evitar causarle desconcierto a esa persona, que perfectamente podrías ser tú o podría ser yo.

Por eso quería preguntaros, ¿vosotros cómo reaccionaríais si de repente una persona con la cara desfigurada os preguntara algo y tuviérais que responderle mirándole a los ojos? ¿Cómo creéis que se sentirá esa persona ante la esperada reacción? ¿Creéis que alguien puede llegar a acostumbrarse a eso?
¿Cómo os sentiríais si fuerais vosotros esa persona?

Y quiero preguntaros algo más comprometido. Imaginad que, volviendo a casa por la carretera, una noche, se os sale el coche de la carretera y tenéis un accidente. Imaginad que os dejan elegir entre perder vuestro rostro y que éste pase a ser irreconocible, o perder la memoria y con ella vuestros recuerdos, vuestras experiencias... 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Tenaces

Hay gente a la que nada el parece un obstáculo. Son optimistas, luchan hasta conseguir lo que desean. Cueste lo que cueste.
Yo soy más bien del grupo de los vagos, de esos que leen en el periódico que tanta obstinación nos pasará factura, probablemente con un infarto, dentro de unos años. Y es una excusa más para abandonar la responsabilidad. Otra coartada. Y hay tanta gente así que nos está empezando a salpicar en las narices. Soy la primera que cree que debe cambiar su forma de actuar.

No sé qué está pasando ni con la rae, ni con la unión europea (no se merecen que los escriba con mayúsculas, porque como unos están cambiando todas las reglas ortográficas con las que aprendí a escribir y los otros haciéndome sentir más pobre de lo que soy... anda y que les den). Lo único que parece que están mejorando es el porcentaje de gente analfabeta que hay en el mundo, y digo mejorando porque sube.

Ahora, como decía Espido Freire en su columna del ADN, confundiremos "4 ó 5" con "405" y, como se dice en Facebook, "si la i griega se llama 'ye', yo quiero que la zeta se llame 'nano'. A parte (me da vergüenza mencionarlo y todo) de que palabras como guión pierdan su tilde o que se acepte la palabra "toballa". Me pregunto qué sería de la crisis si estos tipos tan "geniales", que cada día se parecen más al camello de mi barrio, no cobraran (si es que estas cosas me tocan mucho la moral), pero lo peor de todo es que "el glorioso país donde nunca se hace de noche" (o algo así) se deje torear así, de modo que giramos la vista hacia la real academia de la desfachatez y olvidamos el asunto que trae a millones de personas pasando hambre. Es sólo un poco vergonzoso. Cualquier cosa nos hace olvidar que somos idiotas: en cualquier otro país las manifestaciones van que vuelan, pero claro, aquí como no podemos morder la mano que nos da de comer dejamos que nuestros derechos, conseguidos durante muchos muchos muchos años, se vayan a hacer puñetas. Y de eso quería hablar también, porque la unión europea (que ni es unión ni es europea y cada día es más parecida a estados unidos, los cuales tampoco merecen ser escritos con mayúscula) ha decidido empezar con el Reino Unido para sablar a la gente que quiera estudiar una carrera y tener un futuro digno. Quieren que las tasas de la matrícula (o algo parecido era) asciendan a más de 10.000 euros. Cada año, claro. Y allí ha habido una movilización impresionante. Estos tíos sí que se merecen ser escritos con mayúscula. Pero aquí, cuando ocurra (que va a ocurrir) nos quedaremos cruzados de brazos y diremos "vale, pues que sólo (¿con acento o sin él?) estudien los ricos, nos da igual", tendremos que estar hipotecados toda nuestra vida para poder vivir (es un poco irónico, no creéis?) y poder ser alguien, pero nos dará igual. Menos becas, menos humanidad y más diferencia entre ricos y pobres. ¿Quién dijo que estábamos avanzando? Yo veía las cosas mejor hace 10 años.

Cada vez nos parecemos más a estados unidos, pero para mal. No podíamos copiarnos las inversiones que se destinan a investigación no, tenemos que copiarnos la privatización absoluta de la sanidad y la educación, las dos cosas más importantes que puede tener una persona. Así que preparémonos la gente joven para morir en cualquier momento si no podemos pagar nuestro seguro, o a tener que renunciar a nuestra carrera por ser pobres. Desde luego, necesitaríamos a más gente tenaz para hacer frente a este desastre americano.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cambios

Hoy, y siempre que siento que una imagen, canción o palabra me hace reflexionar, mi forma de ser cambia un poco. Por eso me parece que no tiene mucho sentido comportarme igual que ayer ni seguir con esa sonrisa apagada y somnolienta. Esta vez el cambio ha afectado a cómo veo este blog.
Este blog para mí es algo importante. Me permite comunicarme conmigo misma, y he decidido compartir mi opinión con quien quiera, hablar de cosas curiosas, que sugieran debate o simplemente una opinión fuera de esta habitación.

No sé cómo empezar... siempre me cuesta, aunque intente maquillar mi inexperiencia.
Veréis, he oído muchas cosas malas sobre el género humano. Muchísimas. Y con esto no estoy diciendo que el mundo se acaba ni que estamos castigados por Dios (¿cuál de ellos? ¿cuál de ninguno?), sólo quiero dar a conocer una opinión retorcida pero posible después de todo, que demuestra la de vueltas que dan las cabezas de los peces gordos que mandan en empresas farmacéuticas, tecnológicas... en fin, la industria en general.

Sin más rodeos: el otro día me hicieron una pregunta. Me preguntaron que porqué pensaba que se está investigando tanto para conseguir curar el cáncer de mama.
¿Vosotros qué diríais? Yo directamente pensé: para mejorar la salud y la calidad de vida de las mujeres, ya que este cáncer cada vez se detecta con más frecuencia y...habrá que hacer algo, no?
Ya no sabía qué decir.
"Y...el cáncer de testículo qué? Hay incluso más casos que de cáncer de mama, y no se ve una gran movilización por parte de los investigadores"

Qué quieres que te diga? No lo sé.

Qué dirías tú?

Entonces me contó una cosa que me dejó de piedra. Más bien me dejó atar cabos, sus cabos:
- A ver... la población mundial está envejeciendo, no?
- Salta a la vista.
- Y... tú sabes cómo piensan encargarse de tantas personas mayores? No habrá sitio para todos, verdad?
- Supongo... que muchos acabarán por quedarse con su familia. Siempre te atenderá mejor un familiar que un desconocido...
- Creo que ya ves por dónde voy. Vale, ahora tira más del hilo. Tradicionalmente, quién se ha ocupado de cuidar a la abuelita, hacerle la comida, lavarla, acostarla...?
Entonces, no te parece lógico que por esa regla de tres sea la mujer lo que interese a un país, más que el hombre, y por tanto se luche por su bienestar con más ahínco?

Mi cara fue de estupefacción. No sé qué porcentaje de ficción tiene esto, pero cada día que pasa y comparándolo, por ejemplo, con el tratamiento del SIDA, que todavía no se ha "podido" descubrir (y mientras las compañías farmacéuticas ingresan millones de dólares gracias a la ingente cantidad de medicamentos que se venden para "atrasar" el progreso de esta enfermedad), la verdad es que tengo serias dudas sobre lo que decían los filósofos siglos atrás de que "el hombre es bueno por naturaleza".

Yo diría, más bien, que "el hombre es traicionero por naturaleza y se aprovecha de cualquier debilidad del prójimo en cuanto puede". Lógicamente hay matices, pero todo lo que podemos llegar a ser sólo lo sabemos cuando tenemos un cheque al portador en nuestras manos. Y esto me da miedo.
Mucho miedo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Ego. Otra vez.

- En qué piensas?


- En nada.



En nada. En cómo la gente, alegre, vuelve de la playa, tal y como hacía yo hace apenas 24 horas. En cómo el aire me seca el sudor que, aun habiéndome duchado, se obstina en aparecer.

En cómo las hormigas trepan la valla y van a parar a mi terraza, donde sus compañeras yacen víctimas del veneno que eché días atrás. Tengo hambre, pero creo que no es el momento de comer. Hace mucho calor, y tengo cosas que hacer antes de irme esta noche.

Sabes? Tengo que darte las gracias. Gracias tantas veces... Gracias por traerme bollitos de chocolate hoy para animarme, y por mimarme en el sofá mientras escuchamos la radio, ya que la antena de la televisión no funciona. Ni tampoco esos altavoces tan grandes y con tantos cables... Por qué siguen ahí?

Suenan canciones obvias, únicamente con presente, que en uno o dos años nadie recordará. Nada que ver con "Imitation of Life" o "Knockin' on Heaven's Door". Te abrazo y te digo que voy a tomarme otra pastilla. Estoy hecha un escombro.

Yo, yo y siempre yo. Por más que él esté en el hospital y se encuentre fatal, siempre acabo sintiéndome la víctima. Soy una jodida egoísta.

Y tonta.

Y... fracasada. Pero sobretodo egoísta. Porque siempre que empiezo hablando de los problemas ajenos acabo hablando de los míos.

Qué le vamos a hacer, no tengo remedio.
 
Un rato después, después de cenar, consigo encender la maldita memoria multimedia, que tiene películas, y ponemos Zombieland. Ha sido divertido, y nos ha dado tiempo a terminar de verla, mientras nos comíamos los chocobollos. Sabes? Empiezo a tener miedo, porque me siento tan vulnerable que deseo que siempre estés abrazándome así, soy una cobarde.
Y ahora tengo que irme y ni siquiera me salen las lágrimas, hoy he llorado tanto que ahora ni siquiera me apetece hacerlo. No quiero despedirme de ti, no cierres esa puerta todavía. Abrázame.
Sé que esto es ridículo, que sólo serán unos días hasta que mi hermano se ponga bien, pero cuando me acostumbro a estar tanto contigo luego me cuesta mucho tener que dejarte...
Sigo teniendo ese nudo en la garganta, necesito saber que mañana despertaré a menos de 100 metros de ti y vendrás a verme y me traerás pipas para comerlas sentados mirando la playa e inventándonos la vida de esas personas que parecen hormigas dentro del mar. Charlaremos sobre cuándo voy a ir a Madrid, y me dirás que quieres enseñarme el rastro y un montón de cosas que me encantarán. Y sonreiré y te abrazaré.
Hasta ese momento, no quiero despertar. No tiene sentido.

lunes, 28 de junio de 2010

Pechonalidad

Es la típica "personalidad del chulito". De aquél que necesita ser visto y revisto para sentirse bien. De aquella persona que siempre ha disfrutado sentado mientras a su alrededor la gente trabajaba. De aquel hombre que siempre se ha sentido superior.
Me da a mí que ese personaje lo es. Un truhán, un señor, como la canción.
Toda la poesía que destila este licenciado en filología hispánica se desvanece cuando de repente suelta palabras que no encajan, que rompen todo el esquema. Palabras tabú espolvoreadas con cierto aire malévolo. Y eso puede hacer que te parezca que toda la harmonía se destroce a partir de ese momento, pero también te da una sensación de... como si gracias a este diminuto teatro la canción y con ella el poema que arrastra tuviera más sentido.
Y esa es la pechonalidad del chulito. Cala hondo, aunque no te des cuenta. Y la letra te gusta, aunque algunos fragmentos los quieras omitir porque la gente del vagón te miraría raro...

miércoles, 23 de junio de 2010

Seguiré,

al barro allá donde esté,
me haré bosque y me perderé
en el barro que nazca a mis pies.

Tulsa – Barro

Y esas cosas que suelen pasar. Yo también me he deprimido mucho cuando he visto que no podía llevarlo todo. Ya me lo habían dicho, pero pensaba que podría conseguirlo, ser de esas personas que consiguen todo lo que se proponen.
Quizás me ha faltado fuerza.

Pero aun así siento como si lo hubiera dado todo, y ese todo hubiera saltado por la ventana.
Vacía de empeño y cansada por el esfuerzo. Como una persona que trabaja sin cobrar. Como un perro sin su comida por haberse portado bien. Como un trato sin recompensa. Soy el hilo que cuelga en este entramado de dudas, tensión, sueño y desesperación.

Soy el nada que cuadra. Y entre ese agujerillo que le he hecho a la tela parece que veo una luz, pero es tan pequeña que no consigo alcanzarla. Es mi deber acercarme a ella lo máximo posible, aunque mil cosas se metan por delante.
Ya no iré más a música. Esto va a ser horrible sin mi distracción favorita, pero tengo que sacarlo.
Porque me llaman Ruth, porque mi vocación es esto y porque me ha costado tanto llegar hasta aquí que abandonar sí que sería para matarme.
Y por supuesto, por ti. Por esos ánimos infinitos y por ese cariño derrochado. Nunca nadie me había animado tanto sólo con un gesto.

Gracias por ayudarme a decidir. Gracias a cada una de las personas que me rodean por intentar ayudarme a ver las cosas como son y no imaginarme la realidad distorsionada, ni creerme invencible. Os intentaré devolver el favor siguiendo vuestros consejos. Pero como siempre, todo llega a mi cerebro un poco después de lo que tocaba, con lo que debo aligerar. Y mucho. El primero de los pesos (por más que me duela) ya no lo tengo, así que... espero que volar no sea tan difícil sin tormenta!

jueves, 3 de junio de 2010

No sé qué título poner...

Tiene sentido cuando la gente brinda y desea salud a sus allegados.
Tiene sentido cuando estudias enfermería y te enseñan a pinchar y a curar.
Pero ¿tiene sentido estudiar medicina y no saber nada ni siquiera de reanimación cuando llevas un año de clases?

Hace tres días hice mi primer examen final. Introducción a la medicina. Era relativamente fácil, todo depende de cómo quieran corregirlo.
Pues bueno, algunas de las cosas que podían preguntar era que definiéramos los ámbitos que se deben tener en cuenta a la hora de decir si un paciente está sano y enfermo. Y no era uno. Eran tres.
Biológico, social y psicológico. Pues parece que en esta sociedad sólo le demos importancia al primero. Y ahora que he probado un poco de lo que es mi futura profesión, puedo asegurar que se necesitan los tres para ser sano del todo y por tanto, feliz.
No es sólo porque lo digan los libros. Es porque lo he vivido, y eso siempre permanece más en la mente que el estudio exhaustivo de cualquier libro, el que sea.
Lo operaron el martes. El pobre salió todavía anestesiado de la habitación y lo primero que escuchó fue: las curas serán tan dolorosas como la primera vez. Se le cayó el mundo a los pies y empezó a llorar, que por favor que no fuera así, que le iban a suspender, que tenía que ir sí o sí... Cuando me lo contaron me saltaban las lágrimas: en el post-operatorio y preocupado por sus notas...
Es duro, porque verlo así me llena de impotencia y pienso que ojalá eso me hubiera pasado a mí, que él ni siquiera supiera lo que es una vía.

Aun así, es fuerte. Ahora no puede casi ni caminar, no quiere comer, pero sonríe. Se burla de mí mirando fotos viejas, canta canciones, charla con sus amigos. Y eso le está ayudando, salta a la vista.
Ahora sólo queda la recuperación biológica, pero tranquilo, hermanito, que aunque lleve dos horas intentando estudiar y no haya conseguido leer ni una línea, sería incapaz de decir algo malo de ti, a pesar de las discusiones y regañinas que tenemos siempre. Esterilizando pinzas, haciéndote la cama, trayéndote la comida, dándote un abrazo o acomodándote, voy a hacer que esto sea rápido para ti, como sea. Y esto me recuerda vagamente a lo que dentro de seis años, si todo va bien, seré. Un poco médico, un poco enfermera, un poco psicóloga, un poco socióloga, un poco farmacéutica, y otros muchos pocos que acaban siendo mucho.
Te quiero, valiente!

martes, 1 de junio de 2010

La voz pasiva.

No. No lloro porque tenga una vida difícil. Ni mala, no es mala en absoluto!
De hecho, tengo todo lo que se puede desear, pero a veces... el ritmo con el que llevas todo te supera. Te cansa.
A veces la vida cansa, y piensas: pero si todavía soy joven!
A veces dejas de ver las cosas, aun con los ojos abiertos. Los objetos se vuelven borrosos y te sientes inmóvil. Se te cierran los ojos. Te pierdes y te conviertes en árbol.
Sí, a veces sería agradable ser árbol: limitarse a observar y aprender; nunca cometer errores, ni intentos, ni nada. No cometer, casi no ser. Esperar.
Cerrar los ojos y dejarse llevar, mecido por el viento. Susurrar a los pájaros dormidos una nana.

Sí, sería bonito ser árbol. Pero no para siempre, sólo un ratito! No soportaría ver la vida pasar sin poder moverme, ni siquiera poder quejarme cuando el invierno me desnude. Porque seguro que soy de hoja caduca; seguro. Melancólico pero robusto, quejica pero soñadora. Y sin ganas de renunciar a nada.
Porque por más que se me escape el llanto por el cansancio, eso no significa que me esté rindiendo. Ni un huracán podría arrancarme mis sueños!

Por eso a veces me gustaría ser árbol. Para olvidar que la vida va más rápido que yo. Para, simplemente, que la brisa me dé un respiro. Para estar de vacaciones.

domingo, 2 de mayo de 2010

Hoy es un día escrito con bemoles.

Se podría decir que en una tonalidad menor. Y que la sensible destaca con un crescendo repentino, mientras la tónica se peina.
Escalas arriba y abajo. Notas sobreagudas que no sabía ni que existían.

En un mes, exámenes. Y me siento tan pez como una alteración accidental vagando por las partituras. Respirando cuando el fraseo se lo permite y luciéndose en las cadencias, inventando.
Me siento con ganas.
Me siento un poco Beethoven. Quiero apostar y ganar. Porque perder, sé que no puedo perder nada.

sábado, 17 de abril de 2010

He tenido suerte.

He tenido suerte de decidir que iría a verlos, aunque eso supusiera llegar un poco más tarde a la cita en Valencia.
Se hacen llamar Cavatina Duo, Denis y Eugenia. Ella toca la flauta y él la guitarra. Y es la segunda vez que les veo.
La primera fue el miércoles, este miércoles, como culminación de la master class que nos ofrecieron. Fue todo un privilegio poder disfrutar de ellos, aunque se notaba que ella estaba cansada de dar tantas clases en un día y después tocar para nosotros.
Hoy han brillado todavía con más luz. Esos cambios en los matices, esas agógicas, esa pasión, tanto por la música como por la persona que estaba tocando a su lado.
Un matrimonio tanto dentro de casa como en el escenario. La unión de perfección con perfección. Armonía total y encanto. Desconcierto entre el público. Me he sorprendido con la boca abierta hoy también, aun sabiendo lo que iban a interpretar.
Fantásticos.
El segundo plato en teoría era ir a Valencia a pasar la noche con ellas, a cantar como unas locas en el karaoke y liberar un poco de esa adrenalina que se produce en la glándula suprarenal y que altera nuestro sistema nervioso autónomo, pero para mis padres cada vez que salgo de casa voy a golfear, así que en el último momento, como siempre, me han dicho que no iría y no he podido evitar llamarlos... "asquerosos". Tal vez me he pasado un poco, pero esque me pone enferma esa manía que tienen de hacer mis planes por mí. Para lo que les interesa sí que soy mayor de edad, sí...
Así que me espera una apacible y hermosa noche de estudio de neuronas, con sus neurotransmisores y su potencial de acción. Apasionante, desde luego (no lo digo en broma!)... pero el futuro de este país también merece descansar un poco de tanta tralla, o no?

domingo, 21 de marzo de 2010

Punto y final

Es una sensación muy extraña, pero se repite cada vez que termino de leer un libro en el que he estado muy volcada. Como hacía tiempo que no podía leer debido a que tengo que estudiar, principalmente, creía que había olvidado ese sofoco y ese desazón de cuando lees la última página. Esa alarma en la mano derecha que indica que cada vez su parte es menos gruesa. Que cada vez hay menos letras que descubrir. Que se acerca el fin.
Ese libro (El médico, de Noah Gordon) lo necesito para hacer un trabajo, pero al ser una novela me lo he tomado como eso, una aventura en la que me involucro sin querer. Y tal vez ha sido un error, porque he pasado una semana enganchadísima y ayer hasta que no lo terminé (a las 4 y media de la madrugada) no me pude acostar. Y una hora después conseguí dormirme, sólo después de haber estado pensando en Robert Jeremy Cole, El médico, una y otra vez, en todo lo que había pasado, olvidado y aprendido.
Durante una semana he pensado que vivía en Ispahán, que aprendía medicina con Ibn Sina (Avicena) y que era una gran médico.
Tras el punto y final del libro, me sobrevino una sensación muy extraña, pero conocida. Me sentía mal, porque Jesse Ben Benjamin, Rob J. Cole y todos los personajes se habían acabado de esfumar del universo humeante de mi mente, y probablemente jamás volverían. Sentí que era el final de una especie de vida, y que ninguna otra sería igual. ¿Cuántas vidas habré tenido a mi paso a través de estas historias? Centenares, tal vez miles. Y siempre, al terminar, tengo la sensación de que el mundo se acaba y nunca llega el siguiente, la sensación de que algún personaje debe rescatarme pronto del mundo real si no quiero convertirme en una "gris", como en Momo.
Creo que es esto lo que me convierte en una lectora empedernida. La búsqueda de otras vidas en las que apoyar mis hombros y dejarme llevar. He sido Alicia, tomando el té con el sobrerero y la liebre. Pero también he sido Margaret, la joven librera que escribe una biografía del personaje a quien más admira en "El cuento número trece". Curiosamente la persona a quien más admira es una escritora misteriosa.
He vivido con Los Cinco en Kirrin, he vivido en Nueva York con Frank McCourt y he dado clase a sus alumnos; casi he tocado cada nota de La Décima Sinfonía explorando sus secretos con el joven musicólogo Daniel Paniagua; he seguido a la tortuga Casiopea por las calles, lenta y pacientemente... Y en estos últimos siete días he viajado de Inglaterra a Ispahán con el objetivo de convertirme en médico. Tenía 9 años cuando empezó la aventura, y muchos más cuando terminó.
He odiado, amado, muerto, nacido y enfermado miles de veces, pero siempre se mantiene esa chispa que recorre a cada uno de los personajes de las historias. La vida.
Cuando leemos damos vida a los libros. Es como si los hiciéramos despertar de un largo sueño. Algo así se mencionaba en "El cuento número trece", y tiene toda la razón del mundo. Despertamos a los personajes para ponernos sus ropas y su personalidad. Y cuando acabamos, ellos se duermen y nosotros hemos crecido un poco. Hemos aprendido un poco. Ya somos un poco más personas.

sábado, 13 de marzo de 2010

-

Ayer aprendí algo nuevo: lo triste no es siempre malo.
Es más, si no existiera la tristeza, no conoceríamos la felicidad.

Del mismo modo que cuando, después de meses sin verte, te abrazo, ese abrazo es mucho más fuerte.

sábado, 6 de marzo de 2010

Soy algo triste

A estas alturas, todavía me pregunto por qué se me escapan palabras que no quiero decir.
Pienso que lo inevitable se puede cambiar, y cuando lo inevitable sucede me digo a mí misma: por qué me puse esas alas si luego no pude ni saltar?
Es algo triste.
De todas formas, está decidido. Lo inevitable va a cambiar.
Todos tenemos derecho a abrir una ventanita en el folio blanco del destino e incluir un paréntesis. Cuando se escriba, simplemente será mejor.
No estoy pidiéndole una segunda oportunidad, ni una tercera. Estoy reciclándome. Quiero sacar lo mejor de mí a partir de ahora. Nunca antes había estado tan segura de nada.

A estas alturas es tarde para ponerme triste con los resultados; creo que valdría la pena hacer algo con más sentido para que la próxima vez no haya tristeza, sino otra cosa.
Me conformo con cualquier otra cosa.
Esto también es triste.

Probemos con otro plan: voy a levantarme y a no quejarme tanto. Ni del horario, ni de las decisiones de ellos, ni de lo lejos que estás. Simplemente dejaré la mente en blanco para poder escuchar lo que más me interesa: tengo demasiado que aprender.
Ya no parece tan triste.

Ahora algo más: sonríe.

domingo, 31 de enero de 2010

Normal

Qué gano matándome a estudiar y llamando a mi madre después del examen para decirle "todo lo que he estudiado no me ha servido para nada, seguramente tenga que ir a septiembre"?
Qué gano contándoles mi vida, cuando ellos no tienen la mínima comprensión de lo que es el mundo que rodea a su burbuja, tejida con hilo de esparto del siglo diez?
Qué gano compartiendo mis problemas, si al llegar a casa los veo tan grandes que me tengo que ir de allí porque la presión me come?
Qué gano sentándome y dejando de luchar, si el único castigo que podría dolerme sería que no me quisieras, y no tiene nada que ver con lo que ellos puedan imponerme? Aunque un castigo de ellos tampoco sería un cambio muy radical en mi vida. Salir menos todavía, relacionarme menos todavía con la gente y tener menos amigos todavía. Menuda manera de educar a un hijo.

Ya no sé lo que es una persona normal. Supongo que es alguien que disfruta de la vida, que no teme a nada ni a nadie, que les planta cara a los problemas. No alguien como yo, a quien toda la vida le han enseñado a autodevaluarse, a condenarse a sí misma por tener errores que todo el mundo tiene. A caer y no querer levantarse por vergüenza a la gente que nunca se fijará en tus errores, porque mamá, papá, todo el mundo se equivoca. Ya ni siquiera os llamo mamá y papá. Para qué? Si cuando os llamo así, decís que es porque quiero pediros un favor. Algo como pediros dinero, o salir. No puedo salir sin permiso (todavía). Me pregunto si cuando me jubile podré ir a comprar la verdura.

Mis padres no son personas. Son sargentos.
"Ponte a estudiar" es la frase que más veces he oído de su boca. En cambio, casi nunca he oído eso de "vete con tus amigos, te lo mereces, has sufrido bastante con estos exámenes y aunque no los saques estamos orgullosos de ti".
Eso nunca me lo han dicho. Las circunstancias daban igual. Daba igual que estuviera triste, cansada, desanimada... siempre tenía que ser la mejor. Y no se puede ser la mejor cuando toda la vida te han llamado inútil si se te resbalaba un plato de las manos.
Cuando estábamos en clase de deporte en la escuela, mi madre pensaba "mi hija es muy patosa, no puede hacerlo como los demás", como si no pudiera aprender. Como si no pudiera mejorar.
Siempre he tenido miedo de mejorar por si me equivocaba. Pero con el tiempo he aprendido a no hacerles caso a mis padres, a saltarme las absurdas normas del "tú no puedes". He aprendido a intentarlo. Qué maravillosa palabra. Sin presiones. Sin nadie a mis espaldas vigilándome.
He dado algunos pasos, y al darlos bien he conocido a la confianza, y lo que puede llegar a ayudarte ella. Es asombroso.
Aun así, a mis dieciocho años, cuando he terminado de hacer un examen, me ha salido mal y entro por la puerta de mi casa, me entran ganas de llorar.
Fuera de ella, la confianza me abraza y me muestra que hay muchos caminos que llegan al mismo sitio, si no antes, un poco después, que no vale la pena rendirse al primer intento. Incluso me hace sonreír.
Dentro se me enseña que he fracasado.

Es curioso que las personas que te enseñan a dar tus primeros pasos luego sean capaces de hacerte retroceder de una manera tan atroz.
Y parece mentira que a estas alturas todavía tengan el morro de decir "nuestra Ruth, con lo patosa, miedosa y llorica que era, y mírala ahora, en la universidad".
Y luego decían que se alarmaban cuando leían en internet que me estaba cansando de vivir así, que no tenía ningún sentido, ninguna alegría...que ojalá no estuviera en ningún sitio. Que ojalá no existiera. Acababa llamándome a mí misma imbécil cada vez que hacía algo mal. Automáticamente me encerraba en mi cuarto y me ponía a llorar. Y a veces cogía las tijeras y me hacía pequeños cortes en los brazos.
Me autocastigaba por no saber vivir.
Gracias, de verdad. Por esa autoestima que nunca he conocido. Por esa segunda oportunidad que dicen que existe, pues creo que la descubriré yo sola, como tantas otras cosas que creíais perdidas antes de empezar.

Gracias por todo lo bueno, y todo lo malo. Lo bueno es que he podido desarrollarme como persona y seré algo en la vida, gracias a vosotros.
Lo malo es que nunca me quitaré ese sentimiento de culpa por no ser lo que queríais que fuera. Porque sé que pensáis que podría ser mucho mejor, verdad?

domingo, 24 de enero de 2010

This is War

No me gusta. Me ha parecido un rollo, los gritos no tenían el sentido que le daban a las canciones en los anteriores discos, con lo cual se hacen prescindibles, e incluso molestos. No son el apoteosis inevitable que podrían (y deberían) ser, tratándose ni más ni menos que de Thirty Seconds To Mars.
Cabe destacar, eso sí, la cantidad increíblemente grande de sentimientos que quiere meter en las letras, casi forzándolas. Es como si no le cupiesen, como si hubiera forzado a la música a encajar en esas frases, pero me recuerda tanto a algo que escribiría yo que me parece algo mediocre. Una ruptura, tal vez? Ruptura de sonidos que nunca llegaron a ser acorde.
Creen en algo después de la guerra, de la muerte. Creen poder tocar el sol, poder ser libres. Quieren luchar para llegar a ese lugar, pero saben que no llegarán vivos. No creen en ningún Dios.
Da la sensación de que la vida ya no les importa. Ni lo que piensen de ellos. Eso me gusta, significa que están haciendo lo que sienten.
Muuuuucha "electricidad" en las composiciones.

Es complicado decir algo así de ellos, y a mucha gente no le gustará...pero es lo que he sentido al escuchar, una por una, las canciones de este disco.

Tal vez sea porque nunca me había dedicado a analizar uno con tanto énfasis. Es algo que me distrae cuando quiero quitarme el estrés de la cabeza.

La que más me ha gustado es "Hurricane", aunque ahora que las escucho todas por tercera o cuarta vez me empiezan a gustar más y más.
A pesar de todo, me gusta fiarme de las primeras impresiones. No por ellos, sinó por mí. A la próxima tendré menos puntos flacos.

Un 6'5/10 por ser ellos, y porque cada vez me gusta más, sin poderlo evitar =)

miércoles, 20 de enero de 2010

El principio del fin

No sé si "frustración" describe bien cómo me sentí ayer al salir de esa aula, en la que una chica te miraba con ojos escrutadores, y mientras dejaba de mirarte a ti ya había puesto la mirada en otra persona.
¿Veis como aquí es imposible copiar?
Claro, si nadie sabe la respuesta.
"Nadie" son esas treinta personas de mi clase que van a sacar un notable alto en el examen.
No lloré. Es la primera vez que no lloro cuando algo me sale mal. Mi llanto me ayuda a tranquilizarme, tiene un efecto sedante. Pero curiosamente ayer no lo necesité.
Estaba nublado. Cuanto más rato pasaba, más respuestas me enteré que había fallado. Y se puso a llover.
Ni la música consiguió animarme. Me ponen triste los veredictos antes de hora. Mis autoexámenes siempre tienen algo malo que decirme.
El lunes que viene es el siguiente, y me estoy quedando dormida entre las páginas del primer tomo del Prometheus. No sé si desear "suerte" o "tiempo" a quien se examine.
A partir de ahora diré "mucho tiempo!". Tal vez traigan suerte unas cuantas horas para poder estudiar más.

sábado, 16 de enero de 2010

Personas

Pocas veces alguien me ha tocado el corazón como él.
Ha sabido medir sus palabras tan bien que notaba cómo me ardía el pecho, mi cara se enrojecía de vergüenza y me daba eso que yo le tenía que dar a él. Esperanza.
Después de lo de esta mañana...la bioquímica del lunes es un chiste.
Ojalá él supiera, ojalá el tuviera la misma oportunidad que hemos tenido todos nosotros, la gente que vive cómodamente, en su casa, y siempre tiene un plato de comida caliente que llevarse a la boca.

Esto es una llamada de urgencia. No se lo pediría si no lo necesitara tanto. Por favor, señores, un poco de voluntad; mi mujer y yo malvivimos en una furgoneta, con humedades, y tenemos una criatura de nueve meses. Estamos en el paro. Por favor, se lo pido por favor, tengan caridad.
Muchas gracias, que Dios se lo pague.

No creo en Dios, creo en las personas y en sus actos. Ojalá esa limosna pueda ayudarte a encontrar un camino menos amargo por el que llevar a tu bebé. Mucha suerte.

domingo, 10 de enero de 2010

Merece la pena

Ya había publicado en una entrada anterior la primera parte y la segunda, pero creo que vale la pena escucharlas las tres seguidas.


Cuando escucho música clásica me entran unas ganas locas de montar la flauta y tocar, aunque sea la una de la mañana. Pero entonces me acuerdo de que un ser diminuto y frágil está descansando solo unos cuantos metros por encima de mi cabeza y que los tabiques en este edificio no son demasiado aislantes.
Me gusta ver cómo la pequeña cambia con el tiempo, cómo crece su pelo rubio y cómo aprende, siempre con esa sonrisa, que asoma dos dientecillos que le dan un aspecto todavía más adorable.
Y pienso que el segundo movimiento de esta obra está hecho casi exclusivamente para ella, para que se duerma con esa sonrisita pícara.


Y también pienso que en una semana estaré tirándome de los pelos por los exámenes...así que después de relajarme escuchando al mejor flautista de todos los tiempos tocar LA obra (la adoro!)...voy a dedicarme a poner mi cabeza en orden para sobrevivir a mis primeros exámenes en la universidad. Pavor es poco.
La música siempre amansará a las fieras. Aunque sean fieras pequeñitas, rubias y con sólo un par de dientes. O tengan más de 500 páginas y se llamen bioquímica o anatomía. ¡Muchísima suerte a todos!

martes, 5 de enero de 2010

Post-tú

Hace un calor que no es normal en este tren. Montones de familias con niños que vuelven a casa después de la cabalgata de reyes. La estación del Norte está imposible.
Y ahora más todavía. Acabo de "perderte" otra vez, entre esos millones de personas que se mueven de forma tan browniana, sin rumbo fijo aparente.
Acabo de dejar tus brazos cálidos para perderme en este calor asfixiante. Todavía me quedan migas del bocadillo en la chaqueta. Intento sonreír, pero...mis ojos enrojecidos me traicionan.
Todavía me queman tus besos en los labios.
Ese abrazo con prisa mientras pasabas la mochila por la cinta, esa urgencia en tus ojos.
Ese "por favor, no me dejes nunca" que supurábamos directamente desde el corazón, que suplicaban las gotas de lluvia.
Y la angustia que todavía tengo en la garganta.

Nada tiene sentido. Esta mañana me estabas despertando con la luz de esos ojitos tan verdes, y ahora...tengo que dormir sola. No puedo hacerlo.
Encuentro tu nota entre mis apuntes. Pienso leerla cada vez que necesite tu aliento en mi nuca, lo prometo.

domingo, 3 de enero de 2010

Inventario

Vuelvo a casa, y me siento obligada a escribir esto.
Mejunje de cosas buenas y malas que han pasado este año. Que nos han pasado a todos.

Han muerto genios. Han nacido promesas.
Han pasado 365 días de penurias en África y de fábricas echando humo allá donde cuestan menos de mantener.
Ha pasado una inocente gripe A, que convirtió al miedo en negocio...otra vez.

Has sufrido mi egoísmo...otra vez.

El dinero ha pasado a ser la cosa más efímera del mundo.
Familias sin dinero, con deudas e hijos...
Un país entero suplicando a voces una respuesta. No la ha habido. No para muchos.

No se puede decir que el 2009 haya sido un buen año.
Pero en el terreno personal...si me considero muy (muy muy muy) egoísta...ha sido un año espléndido.
Esos días a tu lado...
Ese segundo de bachillerato que acabó entre lágrimas de felicidad, pensando: seguro que con la nota que me han ayudado a conseguir puedo entrar en medicina!
La decepción de después, cuando, en un ordenador, desde Cambridge Gardens nº45 consulté si había sido admitida o no. Lágrimas de rabia.
El cariño que cogí a toda la gente que me acompañó en esa aventura de color azul, rojo y blanco.
Aquella noche en la que descubrí que no soporto el calor, y en la que redescubrí tus brazos.
Mi nombre en la lista de admitidos, por fin, en agosto.
Meter los pies en la arena fría, bañada por la luna, saboreando la recién estrenada mayoría de edad.
Volveros a ver, pequeños ingleses.
Empezar la universidad. Descubrir hasta qué punto puede cambiarte la vida.
Volver al conservatorio. Esas tardes de Johan de Meij y Gustav Holst, intentar arrancarle algunas notas al piano...es como volver a empezar. Es volver a empezar, pero en ese sitio me siento como en casa.
Querer con todo y no poder. No dormir.

Apreciar lo que se tiene más que en la vida.
Aprender que todo es tan efímero...y tan bonito...

La vida te cambia. Y mucho.
Es curioso todo lo que 365 días pueden hacerle a un ser vivo tan lleno de defectos y de tontería como yo.
Me gusta recordarme a mí misma que en unos años podré dar un poco de mí a esa sed de atención que tiene el mundo, que podré poner mi granito de arena.
Bienvenidos los años que me quedan. Lo haré lo mejor posible :)