domingo, 31 de enero de 2010

Normal

Qué gano matándome a estudiar y llamando a mi madre después del examen para decirle "todo lo que he estudiado no me ha servido para nada, seguramente tenga que ir a septiembre"?
Qué gano contándoles mi vida, cuando ellos no tienen la mínima comprensión de lo que es el mundo que rodea a su burbuja, tejida con hilo de esparto del siglo diez?
Qué gano compartiendo mis problemas, si al llegar a casa los veo tan grandes que me tengo que ir de allí porque la presión me come?
Qué gano sentándome y dejando de luchar, si el único castigo que podría dolerme sería que no me quisieras, y no tiene nada que ver con lo que ellos puedan imponerme? Aunque un castigo de ellos tampoco sería un cambio muy radical en mi vida. Salir menos todavía, relacionarme menos todavía con la gente y tener menos amigos todavía. Menuda manera de educar a un hijo.

Ya no sé lo que es una persona normal. Supongo que es alguien que disfruta de la vida, que no teme a nada ni a nadie, que les planta cara a los problemas. No alguien como yo, a quien toda la vida le han enseñado a autodevaluarse, a condenarse a sí misma por tener errores que todo el mundo tiene. A caer y no querer levantarse por vergüenza a la gente que nunca se fijará en tus errores, porque mamá, papá, todo el mundo se equivoca. Ya ni siquiera os llamo mamá y papá. Para qué? Si cuando os llamo así, decís que es porque quiero pediros un favor. Algo como pediros dinero, o salir. No puedo salir sin permiso (todavía). Me pregunto si cuando me jubile podré ir a comprar la verdura.

Mis padres no son personas. Son sargentos.
"Ponte a estudiar" es la frase que más veces he oído de su boca. En cambio, casi nunca he oído eso de "vete con tus amigos, te lo mereces, has sufrido bastante con estos exámenes y aunque no los saques estamos orgullosos de ti".
Eso nunca me lo han dicho. Las circunstancias daban igual. Daba igual que estuviera triste, cansada, desanimada... siempre tenía que ser la mejor. Y no se puede ser la mejor cuando toda la vida te han llamado inútil si se te resbalaba un plato de las manos.
Cuando estábamos en clase de deporte en la escuela, mi madre pensaba "mi hija es muy patosa, no puede hacerlo como los demás", como si no pudiera aprender. Como si no pudiera mejorar.
Siempre he tenido miedo de mejorar por si me equivocaba. Pero con el tiempo he aprendido a no hacerles caso a mis padres, a saltarme las absurdas normas del "tú no puedes". He aprendido a intentarlo. Qué maravillosa palabra. Sin presiones. Sin nadie a mis espaldas vigilándome.
He dado algunos pasos, y al darlos bien he conocido a la confianza, y lo que puede llegar a ayudarte ella. Es asombroso.
Aun así, a mis dieciocho años, cuando he terminado de hacer un examen, me ha salido mal y entro por la puerta de mi casa, me entran ganas de llorar.
Fuera de ella, la confianza me abraza y me muestra que hay muchos caminos que llegan al mismo sitio, si no antes, un poco después, que no vale la pena rendirse al primer intento. Incluso me hace sonreír.
Dentro se me enseña que he fracasado.

Es curioso que las personas que te enseñan a dar tus primeros pasos luego sean capaces de hacerte retroceder de una manera tan atroz.
Y parece mentira que a estas alturas todavía tengan el morro de decir "nuestra Ruth, con lo patosa, miedosa y llorica que era, y mírala ahora, en la universidad".
Y luego decían que se alarmaban cuando leían en internet que me estaba cansando de vivir así, que no tenía ningún sentido, ninguna alegría...que ojalá no estuviera en ningún sitio. Que ojalá no existiera. Acababa llamándome a mí misma imbécil cada vez que hacía algo mal. Automáticamente me encerraba en mi cuarto y me ponía a llorar. Y a veces cogía las tijeras y me hacía pequeños cortes en los brazos.
Me autocastigaba por no saber vivir.
Gracias, de verdad. Por esa autoestima que nunca he conocido. Por esa segunda oportunidad que dicen que existe, pues creo que la descubriré yo sola, como tantas otras cosas que creíais perdidas antes de empezar.

Gracias por todo lo bueno, y todo lo malo. Lo bueno es que he podido desarrollarme como persona y seré algo en la vida, gracias a vosotros.
Lo malo es que nunca me quitaré ese sentimiento de culpa por no ser lo que queríais que fuera. Porque sé que pensáis que podría ser mucho mejor, verdad?

domingo, 24 de enero de 2010

This is War

No me gusta. Me ha parecido un rollo, los gritos no tenían el sentido que le daban a las canciones en los anteriores discos, con lo cual se hacen prescindibles, e incluso molestos. No son el apoteosis inevitable que podrían (y deberían) ser, tratándose ni más ni menos que de Thirty Seconds To Mars.
Cabe destacar, eso sí, la cantidad increíblemente grande de sentimientos que quiere meter en las letras, casi forzándolas. Es como si no le cupiesen, como si hubiera forzado a la música a encajar en esas frases, pero me recuerda tanto a algo que escribiría yo que me parece algo mediocre. Una ruptura, tal vez? Ruptura de sonidos que nunca llegaron a ser acorde.
Creen en algo después de la guerra, de la muerte. Creen poder tocar el sol, poder ser libres. Quieren luchar para llegar a ese lugar, pero saben que no llegarán vivos. No creen en ningún Dios.
Da la sensación de que la vida ya no les importa. Ni lo que piensen de ellos. Eso me gusta, significa que están haciendo lo que sienten.
Muuuuucha "electricidad" en las composiciones.

Es complicado decir algo así de ellos, y a mucha gente no le gustará...pero es lo que he sentido al escuchar, una por una, las canciones de este disco.

Tal vez sea porque nunca me había dedicado a analizar uno con tanto énfasis. Es algo que me distrae cuando quiero quitarme el estrés de la cabeza.

La que más me ha gustado es "Hurricane", aunque ahora que las escucho todas por tercera o cuarta vez me empiezan a gustar más y más.
A pesar de todo, me gusta fiarme de las primeras impresiones. No por ellos, sinó por mí. A la próxima tendré menos puntos flacos.

Un 6'5/10 por ser ellos, y porque cada vez me gusta más, sin poderlo evitar =)

miércoles, 20 de enero de 2010

El principio del fin

No sé si "frustración" describe bien cómo me sentí ayer al salir de esa aula, en la que una chica te miraba con ojos escrutadores, y mientras dejaba de mirarte a ti ya había puesto la mirada en otra persona.
¿Veis como aquí es imposible copiar?
Claro, si nadie sabe la respuesta.
"Nadie" son esas treinta personas de mi clase que van a sacar un notable alto en el examen.
No lloré. Es la primera vez que no lloro cuando algo me sale mal. Mi llanto me ayuda a tranquilizarme, tiene un efecto sedante. Pero curiosamente ayer no lo necesité.
Estaba nublado. Cuanto más rato pasaba, más respuestas me enteré que había fallado. Y se puso a llover.
Ni la música consiguió animarme. Me ponen triste los veredictos antes de hora. Mis autoexámenes siempre tienen algo malo que decirme.
El lunes que viene es el siguiente, y me estoy quedando dormida entre las páginas del primer tomo del Prometheus. No sé si desear "suerte" o "tiempo" a quien se examine.
A partir de ahora diré "mucho tiempo!". Tal vez traigan suerte unas cuantas horas para poder estudiar más.

sábado, 16 de enero de 2010

Personas

Pocas veces alguien me ha tocado el corazón como él.
Ha sabido medir sus palabras tan bien que notaba cómo me ardía el pecho, mi cara se enrojecía de vergüenza y me daba eso que yo le tenía que dar a él. Esperanza.
Después de lo de esta mañana...la bioquímica del lunes es un chiste.
Ojalá él supiera, ojalá el tuviera la misma oportunidad que hemos tenido todos nosotros, la gente que vive cómodamente, en su casa, y siempre tiene un plato de comida caliente que llevarse a la boca.

Esto es una llamada de urgencia. No se lo pediría si no lo necesitara tanto. Por favor, señores, un poco de voluntad; mi mujer y yo malvivimos en una furgoneta, con humedades, y tenemos una criatura de nueve meses. Estamos en el paro. Por favor, se lo pido por favor, tengan caridad.
Muchas gracias, que Dios se lo pague.

No creo en Dios, creo en las personas y en sus actos. Ojalá esa limosna pueda ayudarte a encontrar un camino menos amargo por el que llevar a tu bebé. Mucha suerte.

domingo, 10 de enero de 2010

Merece la pena

Ya había publicado en una entrada anterior la primera parte y la segunda, pero creo que vale la pena escucharlas las tres seguidas.


Cuando escucho música clásica me entran unas ganas locas de montar la flauta y tocar, aunque sea la una de la mañana. Pero entonces me acuerdo de que un ser diminuto y frágil está descansando solo unos cuantos metros por encima de mi cabeza y que los tabiques en este edificio no son demasiado aislantes.
Me gusta ver cómo la pequeña cambia con el tiempo, cómo crece su pelo rubio y cómo aprende, siempre con esa sonrisa, que asoma dos dientecillos que le dan un aspecto todavía más adorable.
Y pienso que el segundo movimiento de esta obra está hecho casi exclusivamente para ella, para que se duerma con esa sonrisita pícara.


Y también pienso que en una semana estaré tirándome de los pelos por los exámenes...así que después de relajarme escuchando al mejor flautista de todos los tiempos tocar LA obra (la adoro!)...voy a dedicarme a poner mi cabeza en orden para sobrevivir a mis primeros exámenes en la universidad. Pavor es poco.
La música siempre amansará a las fieras. Aunque sean fieras pequeñitas, rubias y con sólo un par de dientes. O tengan más de 500 páginas y se llamen bioquímica o anatomía. ¡Muchísima suerte a todos!

martes, 5 de enero de 2010

Post-tú

Hace un calor que no es normal en este tren. Montones de familias con niños que vuelven a casa después de la cabalgata de reyes. La estación del Norte está imposible.
Y ahora más todavía. Acabo de "perderte" otra vez, entre esos millones de personas que se mueven de forma tan browniana, sin rumbo fijo aparente.
Acabo de dejar tus brazos cálidos para perderme en este calor asfixiante. Todavía me quedan migas del bocadillo en la chaqueta. Intento sonreír, pero...mis ojos enrojecidos me traicionan.
Todavía me queman tus besos en los labios.
Ese abrazo con prisa mientras pasabas la mochila por la cinta, esa urgencia en tus ojos.
Ese "por favor, no me dejes nunca" que supurábamos directamente desde el corazón, que suplicaban las gotas de lluvia.
Y la angustia que todavía tengo en la garganta.

Nada tiene sentido. Esta mañana me estabas despertando con la luz de esos ojitos tan verdes, y ahora...tengo que dormir sola. No puedo hacerlo.
Encuentro tu nota entre mis apuntes. Pienso leerla cada vez que necesite tu aliento en mi nuca, lo prometo.

domingo, 3 de enero de 2010

Inventario

Vuelvo a casa, y me siento obligada a escribir esto.
Mejunje de cosas buenas y malas que han pasado este año. Que nos han pasado a todos.

Han muerto genios. Han nacido promesas.
Han pasado 365 días de penurias en África y de fábricas echando humo allá donde cuestan menos de mantener.
Ha pasado una inocente gripe A, que convirtió al miedo en negocio...otra vez.

Has sufrido mi egoísmo...otra vez.

El dinero ha pasado a ser la cosa más efímera del mundo.
Familias sin dinero, con deudas e hijos...
Un país entero suplicando a voces una respuesta. No la ha habido. No para muchos.

No se puede decir que el 2009 haya sido un buen año.
Pero en el terreno personal...si me considero muy (muy muy muy) egoísta...ha sido un año espléndido.
Esos días a tu lado...
Ese segundo de bachillerato que acabó entre lágrimas de felicidad, pensando: seguro que con la nota que me han ayudado a conseguir puedo entrar en medicina!
La decepción de después, cuando, en un ordenador, desde Cambridge Gardens nº45 consulté si había sido admitida o no. Lágrimas de rabia.
El cariño que cogí a toda la gente que me acompañó en esa aventura de color azul, rojo y blanco.
Aquella noche en la que descubrí que no soporto el calor, y en la que redescubrí tus brazos.
Mi nombre en la lista de admitidos, por fin, en agosto.
Meter los pies en la arena fría, bañada por la luna, saboreando la recién estrenada mayoría de edad.
Volveros a ver, pequeños ingleses.
Empezar la universidad. Descubrir hasta qué punto puede cambiarte la vida.
Volver al conservatorio. Esas tardes de Johan de Meij y Gustav Holst, intentar arrancarle algunas notas al piano...es como volver a empezar. Es volver a empezar, pero en ese sitio me siento como en casa.
Querer con todo y no poder. No dormir.

Apreciar lo que se tiene más que en la vida.
Aprender que todo es tan efímero...y tan bonito...

La vida te cambia. Y mucho.
Es curioso todo lo que 365 días pueden hacerle a un ser vivo tan lleno de defectos y de tontería como yo.
Me gusta recordarme a mí misma que en unos años podré dar un poco de mí a esa sed de atención que tiene el mundo, que podré poner mi granito de arena.
Bienvenidos los años que me quedan. Lo haré lo mejor posible :)