lunes, 28 de junio de 2010

Pechonalidad

Es la típica "personalidad del chulito". De aquél que necesita ser visto y revisto para sentirse bien. De aquella persona que siempre ha disfrutado sentado mientras a su alrededor la gente trabajaba. De aquel hombre que siempre se ha sentido superior.
Me da a mí que ese personaje lo es. Un truhán, un señor, como la canción.
Toda la poesía que destila este licenciado en filología hispánica se desvanece cuando de repente suelta palabras que no encajan, que rompen todo el esquema. Palabras tabú espolvoreadas con cierto aire malévolo. Y eso puede hacer que te parezca que toda la harmonía se destroce a partir de ese momento, pero también te da una sensación de... como si gracias a este diminuto teatro la canción y con ella el poema que arrastra tuviera más sentido.
Y esa es la pechonalidad del chulito. Cala hondo, aunque no te des cuenta. Y la letra te gusta, aunque algunos fragmentos los quieras omitir porque la gente del vagón te miraría raro...

miércoles, 23 de junio de 2010

Seguiré,

al barro allá donde esté,
me haré bosque y me perderé
en el barro que nazca a mis pies.

Tulsa – Barro

Y esas cosas que suelen pasar. Yo también me he deprimido mucho cuando he visto que no podía llevarlo todo. Ya me lo habían dicho, pero pensaba que podría conseguirlo, ser de esas personas que consiguen todo lo que se proponen.
Quizás me ha faltado fuerza.

Pero aun así siento como si lo hubiera dado todo, y ese todo hubiera saltado por la ventana.
Vacía de empeño y cansada por el esfuerzo. Como una persona que trabaja sin cobrar. Como un perro sin su comida por haberse portado bien. Como un trato sin recompensa. Soy el hilo que cuelga en este entramado de dudas, tensión, sueño y desesperación.

Soy el nada que cuadra. Y entre ese agujerillo que le he hecho a la tela parece que veo una luz, pero es tan pequeña que no consigo alcanzarla. Es mi deber acercarme a ella lo máximo posible, aunque mil cosas se metan por delante.
Ya no iré más a música. Esto va a ser horrible sin mi distracción favorita, pero tengo que sacarlo.
Porque me llaman Ruth, porque mi vocación es esto y porque me ha costado tanto llegar hasta aquí que abandonar sí que sería para matarme.
Y por supuesto, por ti. Por esos ánimos infinitos y por ese cariño derrochado. Nunca nadie me había animado tanto sólo con un gesto.

Gracias por ayudarme a decidir. Gracias a cada una de las personas que me rodean por intentar ayudarme a ver las cosas como son y no imaginarme la realidad distorsionada, ni creerme invencible. Os intentaré devolver el favor siguiendo vuestros consejos. Pero como siempre, todo llega a mi cerebro un poco después de lo que tocaba, con lo que debo aligerar. Y mucho. El primero de los pesos (por más que me duela) ya no lo tengo, así que... espero que volar no sea tan difícil sin tormenta!

jueves, 3 de junio de 2010

No sé qué título poner...

Tiene sentido cuando la gente brinda y desea salud a sus allegados.
Tiene sentido cuando estudias enfermería y te enseñan a pinchar y a curar.
Pero ¿tiene sentido estudiar medicina y no saber nada ni siquiera de reanimación cuando llevas un año de clases?

Hace tres días hice mi primer examen final. Introducción a la medicina. Era relativamente fácil, todo depende de cómo quieran corregirlo.
Pues bueno, algunas de las cosas que podían preguntar era que definiéramos los ámbitos que se deben tener en cuenta a la hora de decir si un paciente está sano y enfermo. Y no era uno. Eran tres.
Biológico, social y psicológico. Pues parece que en esta sociedad sólo le demos importancia al primero. Y ahora que he probado un poco de lo que es mi futura profesión, puedo asegurar que se necesitan los tres para ser sano del todo y por tanto, feliz.
No es sólo porque lo digan los libros. Es porque lo he vivido, y eso siempre permanece más en la mente que el estudio exhaustivo de cualquier libro, el que sea.
Lo operaron el martes. El pobre salió todavía anestesiado de la habitación y lo primero que escuchó fue: las curas serán tan dolorosas como la primera vez. Se le cayó el mundo a los pies y empezó a llorar, que por favor que no fuera así, que le iban a suspender, que tenía que ir sí o sí... Cuando me lo contaron me saltaban las lágrimas: en el post-operatorio y preocupado por sus notas...
Es duro, porque verlo así me llena de impotencia y pienso que ojalá eso me hubiera pasado a mí, que él ni siquiera supiera lo que es una vía.

Aun así, es fuerte. Ahora no puede casi ni caminar, no quiere comer, pero sonríe. Se burla de mí mirando fotos viejas, canta canciones, charla con sus amigos. Y eso le está ayudando, salta a la vista.
Ahora sólo queda la recuperación biológica, pero tranquilo, hermanito, que aunque lleve dos horas intentando estudiar y no haya conseguido leer ni una línea, sería incapaz de decir algo malo de ti, a pesar de las discusiones y regañinas que tenemos siempre. Esterilizando pinzas, haciéndote la cama, trayéndote la comida, dándote un abrazo o acomodándote, voy a hacer que esto sea rápido para ti, como sea. Y esto me recuerda vagamente a lo que dentro de seis años, si todo va bien, seré. Un poco médico, un poco enfermera, un poco psicóloga, un poco socióloga, un poco farmacéutica, y otros muchos pocos que acaban siendo mucho.
Te quiero, valiente!

martes, 1 de junio de 2010

La voz pasiva.

No. No lloro porque tenga una vida difícil. Ni mala, no es mala en absoluto!
De hecho, tengo todo lo que se puede desear, pero a veces... el ritmo con el que llevas todo te supera. Te cansa.
A veces la vida cansa, y piensas: pero si todavía soy joven!
A veces dejas de ver las cosas, aun con los ojos abiertos. Los objetos se vuelven borrosos y te sientes inmóvil. Se te cierran los ojos. Te pierdes y te conviertes en árbol.
Sí, a veces sería agradable ser árbol: limitarse a observar y aprender; nunca cometer errores, ni intentos, ni nada. No cometer, casi no ser. Esperar.
Cerrar los ojos y dejarse llevar, mecido por el viento. Susurrar a los pájaros dormidos una nana.

Sí, sería bonito ser árbol. Pero no para siempre, sólo un ratito! No soportaría ver la vida pasar sin poder moverme, ni siquiera poder quejarme cuando el invierno me desnude. Porque seguro que soy de hoja caduca; seguro. Melancólico pero robusto, quejica pero soñadora. Y sin ganas de renunciar a nada.
Porque por más que se me escape el llanto por el cansancio, eso no significa que me esté rindiendo. Ni un huracán podría arrancarme mis sueños!

Por eso a veces me gustaría ser árbol. Para olvidar que la vida va más rápido que yo. Para, simplemente, que la brisa me dé un respiro. Para estar de vacaciones.