viernes, 13 de agosto de 2010

Ego. Otra vez.

- En qué piensas?


- En nada.



En nada. En cómo la gente, alegre, vuelve de la playa, tal y como hacía yo hace apenas 24 horas. En cómo el aire me seca el sudor que, aun habiéndome duchado, se obstina en aparecer.

En cómo las hormigas trepan la valla y van a parar a mi terraza, donde sus compañeras yacen víctimas del veneno que eché días atrás. Tengo hambre, pero creo que no es el momento de comer. Hace mucho calor, y tengo cosas que hacer antes de irme esta noche.

Sabes? Tengo que darte las gracias. Gracias tantas veces... Gracias por traerme bollitos de chocolate hoy para animarme, y por mimarme en el sofá mientras escuchamos la radio, ya que la antena de la televisión no funciona. Ni tampoco esos altavoces tan grandes y con tantos cables... Por qué siguen ahí?

Suenan canciones obvias, únicamente con presente, que en uno o dos años nadie recordará. Nada que ver con "Imitation of Life" o "Knockin' on Heaven's Door". Te abrazo y te digo que voy a tomarme otra pastilla. Estoy hecha un escombro.

Yo, yo y siempre yo. Por más que él esté en el hospital y se encuentre fatal, siempre acabo sintiéndome la víctima. Soy una jodida egoísta.

Y tonta.

Y... fracasada. Pero sobretodo egoísta. Porque siempre que empiezo hablando de los problemas ajenos acabo hablando de los míos.

Qué le vamos a hacer, no tengo remedio.
 
Un rato después, después de cenar, consigo encender la maldita memoria multimedia, que tiene películas, y ponemos Zombieland. Ha sido divertido, y nos ha dado tiempo a terminar de verla, mientras nos comíamos los chocobollos. Sabes? Empiezo a tener miedo, porque me siento tan vulnerable que deseo que siempre estés abrazándome así, soy una cobarde.
Y ahora tengo que irme y ni siquiera me salen las lágrimas, hoy he llorado tanto que ahora ni siquiera me apetece hacerlo. No quiero despedirme de ti, no cierres esa puerta todavía. Abrázame.
Sé que esto es ridículo, que sólo serán unos días hasta que mi hermano se ponga bien, pero cuando me acostumbro a estar tanto contigo luego me cuesta mucho tener que dejarte...
Sigo teniendo ese nudo en la garganta, necesito saber que mañana despertaré a menos de 100 metros de ti y vendrás a verme y me traerás pipas para comerlas sentados mirando la playa e inventándonos la vida de esas personas que parecen hormigas dentro del mar. Charlaremos sobre cuándo voy a ir a Madrid, y me dirás que quieres enseñarme el rastro y un montón de cosas que me encantarán. Y sonreiré y te abrazaré.
Hasta ese momento, no quiero despertar. No tiene sentido.