viernes, 4 de mayo de 2012

Caso clínico 2

Buenas tardes.
Desde el fondo del aula oigo la voz del profesor de cardiología. Está explicando la insuficiencia aórtica. Es interesante, pero estoy cansada.
No es ese cansancio de no dormir, es más bien esa sensación de "necesito que el mundo se pare un momento que tengo que ir a comprar chocolate". Y luego ya si eso vuelvo.

He preparado un plato de pasta con espinacas con queso con algo más, que no tiene buena pinta. Y está nublado. Y quiero irme a casa. La maleta va llena de ropa de invierno.
Se acerca la época de exámenes y la calma que hay es demasiado sospechosa. Como tenemos clase hasta el viernes anterior al examen de cardio, tenemos demasiado que hacer, y pasa el tiempo y no te das cuenta. Y tienes que parar el mundo con la excusa de ir a comprar chocolate porque si no eres capaz de quedarte vegetando en un rincón, o de ponerte a hibernar en pleno mes de mayo sólo para no tener que enfrentarte a la realidad.

Piensas "¿cómo puedo dormir tanto?" y te maldices y piensas "ya no puedo seguir el horario que tenía apuntado". Pero luego piensas más, cuando ya te has quitado el sueño y la oscuridad y el hambre, y tu cabecita dice "has dormido 8 horas, algún día tenía que pasar". Y fríamente pensándolo y dándole vueltas descubres que eres un esclavo de tu tiempo. Y que aun así te sabe a poco y te gustaría ser más esclavo porque te gustaría tener más tiempo. Y sonríes, coges los apuntes de radiología (Tema 12: tipos de contraste). Es absolutamente infumable pero aun así estás sonriendo como si estuvieras mal de la cabeza. En realidad lo estás.

Pero todo esto es bonito, porque cuando entras por la puerta del hospital y te pones tu bata se te olvida todo lo malo. Porque saber responder a una pregunta de alguien que está asustado y tranquilizarlo, y ver como sonríe, te hace agradecer que lo único que te haga esclavo sea tu tiempo.

P.D: ñññññ cada día me gusta más estudiar medicina!!! :)